¨El Ánima¨

Por: Graciela González, Escritora

Terminó la Revolución. Joaquín y su familia, al igual que muchas, empezarían una nueva vida, con lo indispensable. Rentó una casa. Compró unas vacas, con las cuales podría vivir vendiendo la leche y haciendo quesos.

Empezó a sembrar en una pequeña parcela, su esposa y sus dos hijas ayudaban en todo. Tiempo después la hija mayor se casó, la otra, cuando se sentía sola, solía salir al corral para distraerse y aprovechaba a la vez para dar alimento a las gallinas. En una ocasión se le hizo tarde, de repente oyó que alguien le chistaba, volteó y le pareció ver una sombra, esto le dio miedo y corrió hacia la casa, al entrar, su mamá le preguntó:

¿Qué tienes Jobita? ¡Estás pálida!

Me pareció ver una sombra, que pasó pidamente.

Su papá tomó una lámpara y salió, no vio nada y regresó

diciendo:

¿Estás segura que viste algo?

¡Sí!

– Pues no hay nadie fue tu imaginación.

Días después, Jobita tuvo que ir al baño, que se encontraba en el corral, tomó un pedazo de ocote, lo encendió para alumbrarse con él, caminó, sin recordar lo que había visto días antes, de repente escuchó el chistido y una voz hueca, que le dijo:

-No temas, escúchame.

Pero el temor se apoderó de ella y salió del baño corriendo. Al entrar en la casa, con palabras entrecortadas le comentó a su papá lo que pasó, éste se quedó pensando, sin decir nada.

Al siguiente día, le preguntó a su esposa María:

¿Crees lo que dijo? Porque puede ser un ánima en pena y algo quiere de Jobita.

Debería preguntarle qué es lo que desea.

¡Cómo crees! ¿No ves el miedo que le da?

 

Joaquín habló con su hija diciéndole:

Pregúntale qué quiere para que te deje tranquila.

 

En la noche, Jobita fue al corral, sintiendo que las piernas no le obedecían por el miedo, repentinamente, sintió un aire frío que llegaba hacia ella, armándose de valor preguntó:

¿Qué quieres de mí?– Hubo un silencio y luego la voz cavernosa se dejó escuchar.

 -Quiero que saquen lo que enterré junto al mezquite, con eso manden decir tres misas por el perdón de mis pecados. Un poco más delante está lo que queda de mí, denle sepultura en el panteón. Lo que sobre es para ustedes.

 

Diciendo esto la voz y sombra desaparecieron. Jobita reponiéndose y sin saber cómo, corrió a su casa, al entrar sus padres la esperaban con ansiedad. Al poco rato se calmó y les contó todo.

 

El papá dijo:

-El mezquite está más allá de lo que me rentaron, pero voy a hablar con el dueño para que me permita usar ese pedazo.

 

Al día siguiente Joaquín fue a hablar con el dueño del terreno diciéndole que le iban a prestar unas vacas, que si le permitía correr la cerca más allá del mezquite, a lo cual el rentero accedió. Así por la tarde movió los alambres que servían de cerca.

Una vez hecho esto se puso a excavar en el lugar indicado, al poco tiempo descubrió un cántaro, el cual sacó con esfuerzo, pues pesaba mucho, debido a que estaba lleno de monedas de oro. Guardó lo encontrado y se regresó al lugar, calculó una distancia y de nuevo se dedicó a excavar y encontró unos huesos, los que metió en un costal.

Los días siguientes Joaquín mandó decir las misas que había pedido el ánima en pena, a su hija. Los huesos los llevó a la Iglesia diciéndole al cura que al excavar para mover su cerca los encontró y si le permitía darle sepultura en el camposanto. A lo que el cura accedió y así cumplió con el encargo.

 

A partir de ahí, todo cambió económicamente para ellos, pero Jobita nunca se repuso de la impresión recibida. Tiempo después murió.

 

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