Vencer la ansiedad

POR PASTOR JOEL S. RAMÍREZ

El apóstol Pablo le recomienda a la Iglesia, estando él preso injustamente en una cárcel, por causa de su predicación y defensa del Evangelio de Jesucristo, algo que  aparentemente nos puede resultar  imposible de llevar a cabo:

Por nada estéis afanosos sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias…

(Filipenses  4:6).

LES INVITO A REFLEXIONAR EN LA SIGUIENTE ILUSTRACIÓN:

Un hombre iba en cierta ocasión  por un camino llevando a cuestas un pesado costal de papas. Caminaba, sí, pero con dificultad, lenta y pesadamente. Dios, que nos conoce perfectamente y sabe todas las cosas, movido a misericordia, se acercó a él y le preguntó tiernamente: “Hijo mío, ¿Hacia dónde vas con ese pesado costal sobre tus hombros? ¿Quieres que te ayude con esa carga?”. A  lo que esta  persona  le contestó con amargura: “Déjame, déjame, que yo puedo solo”…

En otro lugar, un segundo hombre iba cargando un montón de leña. Dios, que lo veía compasivamente, le dijo: ¿quieres que yo  te ayude?”. A lo cual este  hombre accedió y Dios cargó aquella pesada carga. Sin embargo, poco habían avanzado y caminado, cuando sorpresivamente este hombre le quitó la leña a Dios y la volvió a cargar él mismo y así decidió seguir solo a lo largo de su camino.

Finalmente, otro hombre, el tercero, iba por un camino llevando también un pesado costal de arena. Dios se acercó a él y le dijo: Hijo mío, “¿Quieres que te ayude con tu pesada carga?” El hombre sonriendo le responde: ¡Oh, sí Señor, gracias, muchas gracias, la verdad  no sabía ya qué hacer, porque  ya no puedo seguir llevando  esta carga!” y se la entregó de inmediato completamente a Dios. Y siguieron así caminando juntos y este hombre, durante el trayecto a su destino, le iba contando a Dios alegremente de su vida, de su familia y de su trabajo, de sus éxitos y de sus fracasos, de sus problemas y necesidades. Le hacía preguntas, le pedía opiniones, en fin, el hombre y Dios, conversando y dialogando, llegaron al final del camino. El hombre durante todo ese tiempo ya no se había acordado más de su carga. El Señor mismo fue fiel a su Palabra, cumplió la encomienda de acompañarle y ayudarle hasta el final de su camino. El hombre agradeció mucho su favor y su gran ayuda y el Señor le dijo: Hijo, recuerda y nunca olvides, que no te dejaré ni te desampararé, todos los días de tu vida y siempre que me necesites, no dudes que estaré contigo”.

¿CON CUÁL DE ESTAS  PERSONAS NOS IDENTIFICAMOS MÁS?

Quizá cuando estamos en problemas acudimos a Dios, le pedimos, le lloramos, pero no soltamos nuestras cargas. Te pregunto: ¿Sigues con tu carga, soportando y sufriendo, y viviendo en constante afán y gran ansiedad? Solo hasta que voluntariamente le entregues tus cargas a Dios, Él las tomará consigo y las cargará sobre sus hombros. Jesús hoy te dice:

Vengan a mí, todos aquellos que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.

(Mateo 11:28).

Echen sobre mí sus cargas, y yo les voy a sustentar. Echen toda su ansiedad sobre mí, porque yo tengo cuidado de vosotros.

( 1 Pedro 5:7).

Lo cierto es que vivimos inmersos en un  mundo lleno de afanes, adversidades y deseos egoístas. Cada día  nos levantamos apresuradamente para correr y alcanzar  metas y deseos que nos hemos propuesto y que generalmente se relacionan con respecto a los asuntos terrenales y posesiones materiales. Por algo Jesús recomendó: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y lo demás vendrá por añadidura”.

Sí, hay que acudir a Dios para evitar ser prisioneros del afán, la angustia, y la ansiedad; “afanosos” significa: estar inquietos, afligidos, angustiados, ansiosos, preocupados. El consejo bíblico como Sabiduría para la Vida es, por tanto, acercarse a Dios, y poner en sus manos lo que nos causa ansiedad, dándole siempre gracias a Él  en todo y por todo.

El mundo de hoy busca erróneamente la paz y la tranquilidad por medio de las drogas, los mejores medicamentos, tónicos, terapias de reposo, y más, PERO LA VERDADERA PAZ EL HOMBRE SOLO LA ENCUENTRA EN JESUCRISTO, Y ESTA PAZ SOBREPASA NUESTRO ENTENDIMIENTO.

Por eso y a pesar de que las rejas estaban frente a los ojos naturales de Pablo, él estaba gozoso, tranquilo y más bien  aprovechando las circunstancias para evangelizar a los soldados de la cárcel romana donde estaba preso; y por esta seguridad en Dios fue que pudo animar a los que estaban afuera.

Sí, porque la verdadera paz de Dios viene  cuando le encomendamos al Señor nuestra vida y esperamos en Él.

La Biblia dice:

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús

( Filipenses 4:7). 

Con la ayuda de Dios podemos vencer la angustia, la ansiedad y toda clase de afanes.

Ciertamente  que cada uno de nosotros enfrentamos diversas situaciones en la vida,  circunstancias que nos llevan a experimentar la ansiedad y el afán: problemas en el matrimonio, la familia, dificultades financieras, sin faltar hijos, que  atraviesan por una etapa de rebeldía, problemas en el trabajo o por no tener trabajo y así sucesivamente. Y además, a parte de nuestra vida personal, en el mundo  vemos y oímos  todos los días una serie de eventos  que nos producen más ansiedad: incertidumbre política, económica, guerras, rumores de guerras, problemas  sociales, entre otras cosas más. Pero qué bueno es saber que hay respuesta en la bendita palabra de Dios que siempre nos es útil y eficaz,  nos instruye, corrige, enseña y que nos revela claramente que el remedio infalible, el antídoto eficaz contra  el afán, la ansiedad es y está en la oración. Por tal motivo, debemos  valorar, redoblar esfuerzos y conceder una alta prioridad a nuestros tiempos de oración.

Jesús dijo:

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Acepta hoy  a Cristo como tu Salvador y hazlo tu único camino que te lleva a Dios.

¡Shalom! Que la paz de nuestro Señor Jesucristo sea sobre usted y su familia.

ORACIÓN POR SALVACIÓN.

Señor Jesús: Reconozco que soy pecador. Te pido con todo mi corazón que perdones todos  mis pecados. Creo que  diste tu vida por mí en la cruz. Confieso con mi boca que tú eres el Señor y mi único y suficiente Salvador. Jesús entra y habita desde hoy  en mi corazón y ayúdame a seguirte y serte fiel todos los días de mi  vida.

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