El desafío de Jesús

PASTOR JOEL S. RAMIREZ

“Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no

andaban con él. Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.…”

( San Juan 6:66-69 )

Dicen  que hay preguntas que ni se preguntan, otras que su respuesta resulta tal vez obvia, algunas que hasta pueden ser inoportunas o “que salen sobrando”, pero sin duda que hay preguntas cuya respuesta trasciende, que repercute, cuya respuesta tiene una consecuencia eterna… ”¿Acaso queréis vosotros iros también?” esta  pregunta que Jesús les hace a sus discípulos resulta  verdaderamente  desafiante, es de índole  personal, que requería en ese momento una respuesta inmediata.

– Señor, ¿A quién iremos?, le responde intrépidamente con otra pregunta, a manera de respuesta, el entonces discípulo Pedro, sin duda, en representación de los demás.

¿Cuántos podríamos responder de la misma manera?  Sí, a Jesús le interesa saber, y por tanto les lanza este  desafío, ¿me quieren seguir?

“Y le seguía gran multitud porque veían las grandes señales…” 

Los Evangelios dicen que las multitudes seguían a Jesús, porque  no querían perderse ningún momento de su ministerio, estar en primera fila pero como meros espectadores, ser testigos presenciales de sus extraordinarios milagros, de sus poderosos hechos, ser partícipes de cosas extraordinarias, ser receptores de las dádivas  que fluían de manera sobrenatural  ante su sola presencia.

El evangelista San Juan en el pasaje bíblico arriba mencionado registra el extraordinario milagro de la multiplicación de los panes y los peces, lo que en su momento  hace expresar enardecidas  a las multitudes: “este es el profeta que había de venir”,  y decidieron emocionalmente desde entonces apoderarse de Él para hacerle su rey más solo  por interés en el reino terrenal, en  las cosas materiales, vanas y  pasajeras. Efectivamente, buscaban solo las dádivas y no al Dador de las dádivas, su interés estaba en las bendiciones y no en las condiciones. Pero, ¿por qué buscaban a Jesús?…

”Me buscáis – les dijo Jesús– porque comisteis el pan y os saciasteis…esfuércense  por la comida que a vida eterna permanece”…es decir, búsquenme a mí, por lo que yo soy, el Pan de vida, porque el que a mi viene nunca tendrá hambre.

Lo cierto es que muchos desde ese momento, empezaron a retroceder, apartándose de Jesús. ¿Cuáles son algunas razones por las que muchos  dejan de seguirlo?

1.-Porque tienen falsas expectativas: Su mirada está en las dádivas y no en el Dador y fuente inagotable de toda dádiva y todo don perfecto, en la solución y fin de sus problemas.

Jesús nunca  prometió una senda matizada con un lecho de rosas o un camino sobre alfombra roja, ni  mucho menos una vida exenta de pruebas.  Al contrario, advirtió claramente:  ”en el  mundo tendréis aflicción, más confiad yo he vencido al mundo, …si alguno quiere ser mi discípulo tome su cruz cada día y sígame”. Para seguir a Cristo hay que decidir entrar por la puerta angosta, porque ancha y espaciosa es la senda  que lleva a la condenación y muchos van por ella.

“Lo que todos sus discípulos deben aprender es que ser un seguidor de Jesús conlleva una renuncia dolorosa de los intereses personales y una vuelta de todo corazón a los intereses de Jesús” (D. A. Carson).

2.-Porque nunca echan raíz: La raíz es un órgano subterráneo que ayuda a las plantas a fijarse al suelo, y al mismo tiempo absorbe el agua y las sales que necesitará la planta para vivir.

La raíz es la que hace que un árbol se mantenga fuerte, vivo y que de fruto. Sí, porque lo que nutre y  da vida a la planta está en la profundidad de la raíz. La parábola del sembrador, hace mención de  la semilla que cayó en medio de pedregales. (Lucas 8:13-14) donde al venir el tiempo de la prueba, al no tener raíz se seca y muere.

A veces por un desaire o cierto mal entendido algunos abandonan el camino de la fe en Cristo y vienen a ser como aquel hombre insensato, que edificó su casa  sobre la arena y no  pudo soportar los embates de los  fuertes vientos y tempestades de la vida.

Nunca faltaran los  días malos, donde necesitaremos  estar bien arraigados y cimentados en el fundamento de nuestra fe, en la palabra divina, y en el Verbo de Dios: Jesucristo mismo. Hay que habitar junto a las corrientes de las aguas  del espíritu para dar fruto en su tiempo y ser prosperados.

“La satisfacción en nuestras vidas y el éxito en la iglesia no se encuentra en lo que nuestra cultura considera más importante, sino en una renuncia radical para seguir a Jesús”  (David Platt).

3.-Porque aman más las cosas de este mundo:

San Pablo hace referencia de un hombre tristemente célebre llamado Demas, quien después de haber conocido la verdad, haber colaborado estrechamente con el ministerio del apóstol, se refiere a él negativamente diciendo: “Demas me ha desamparado, amando a este mundo”. (2 Timoteo 4:10.)

La Biblia dice enfáticamente: “no améis al mundo ni las cosas que están el mundo porque el mundo pasa y sus deseos pero el que hace la voluntad de mi Padre permanece para siempre”.

¿Cuál será hoy tu respuesta al mensaje de la palabra de Jesús y a su invitación a seguirle como un verdadero discípulo? Jesús dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Acepta hoy  a Cristo como tu Salvador y hazlo el único y mejor camino de tu vida  y para toda la eternidad.

ORACIÓN POR SALVACIÓN.

“Señor Jesús: Reconozco que soy pecador. Te pido con todo mi corazón que perdones todos  mis pecados. Creo que  diste tu vida por mí en la cruz. Confieso con mi boca que tú eres el Señor y mi único y suficiente Salvador. Jesús entra y habita desde hoy  en mi corazón y ayúdame a perseverar en seguirte y serte fiel todos los días de mi  vida.”

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