El prejuicio, las etiquetas y sus efectos

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Por Braulio Iván Gómez Téllez

Lic. en Psicología

El prejuicio no es completamente malo; es una herramienta que nos ayuda a identificar el peligro y mantenernos a salvo. También en ocasiones nos ayuda a reconocer cuando estamos frente a una oportunidad beneficiosa para nosotros.

El prejuicio funciona a través de relacionar experiencias previas con las situaciones que se nos presentan, sin embargo, hay que recordar que es sólo eso, una herramienta, un dispositivo de nuestra mente para evitar ser perjudicados de nuevo o para obtener un beneficio.

No hay que tomarlo como un hecho irrefutable, ya que todos nos equivocamos.

Las experiencias que nos suceden, pueden parecer similares, pero nunca son iguales.

En ocasiones, algunas personas llegan a ser prejuiciosas con otras sin conocerlas realmente, basándose en rasgos físicos, acciones que han tomado o en “etiquetas” que les han colocado seres cercanos.

Las etiquetas al igual que los apodos suelen ser negativos ya que encasillan a una persona en una condición y muchas veces la imposibilitan a cambiar.

A continuación, un ejemplo:

Un estudiante en el salón de clases que comienza a bajar sus calificaciones, platicar con otros estudiantes, y llegar tarde, al cual, su profesor o compañeros le atribuyen la etiqueta de “mal estudiante”. Ahora, las acciones que ha tomado este alumno efectivamente son incorrectas, pero si esta etiqueta es persistente, y si día tras día es denominado como “mal estudiante”, se está cerrando la oportunidad para cambiar, ya que el estudiante comenzará a incorporar esta etiqueta de “mal estudiante” en su identidad.

Podemos compararlo con nuestro nombre, nuestra nacionalidad, nuestra edad, etcétera, son atributos que nos definen como persona y a los que nuestra mente está acostumbrada a través de la repetición y al hecho de que otras personas nos identifiquen con ellas.

Nuestra mente nos protege, por eso nos hace acostumbrarnos a las acciones, y repetirlas cuando nos sentimos a salvo, salir con amigos, ver una serie, estar en las redes sociales, confiamos en que no hay ningún peligro, evitando muchas veces progresar, o afrontar situaciones nuevas, esta es la famosa “zona de confort”. De igual manera, la mente, es decir, nuestra consciencia e inconsciencia, mantiene los pensamientos y creencias que tenemos de nosotros mismos, aquellos que repetimos o nos repiten otras personas, ya que es lo que conocemos, es a lo que estamos acostumbrados, y es donde nos hemos refugiado para sentirnos seguros e identificados. “mal estudiante”, “gordita”, “flaco”, “flojo” “fea””, son apodos y etiquetas que usamos, muchas veces sin estar conscientes de que estamos causando daño.

En conclusión hay que analizar las situaciones antes de realizar un prejuicio, tratar, si es posible, de conocer a las personas antes de juzgarlas, ignorando las etiquetas previas que otros les han colocado, para evitar caer en errores y crear la oportunidad de una nueva y grata experiencia de formar una nueva amistad, hay que evitar colocar etiquetas y apodos, que pudieran dañar la integridad de una persona, y a su vez preguntarnos ¿qué etiquetas me han o me he colocado yo en mi vida? ¿estoy dispuesto a abandonarlas para mejorar como persona?

Ilustración por Lights Magazine TV

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