Las palabras de Jesús

POR PASTOR JOEL S. RAMÍREZ

¿Ha pensado usted alguna vez en la cantidad de palabras que expresamos al día? Lo más seguro es que no, pero en lo que sí estaremos de acuerdo y vamos a coincidir es que ciertamente son muchas. Algunas encuestas afirman que son miles y ¡ah!, que las mujeres  llevan la delantera…Bueno, lo verdaderamente relevante es reflexionar no sólo en la cantidad sino en la calidad de cada una de ellas. Sí, porque, seamos honestos, ¿cuántas de nuestras palabras resultan ser verdaderamente edificantes y provechosas? ¿Cuántas  son útiles para animar, para restaurar y para aconsejar a otros positivamente?

Sí, Jesús compartió el mensaje de su Evangelio precisamente con palabras…(Jn 7:45-46) Sin embargo, estas no eran palabras motivadas por mera persuasión humana ni palabras basadas en filosofías huecas o en fábulas artificiosas, sino en palabras que daban vida y vida en abundancia.

“El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado, SON ESPÍRITU Y SON VIDA.”

(JUAN 6:63)

Con cuánta razón el compositor inspirado así lo registró en ese antiguo y bello canto:

“¡Oh, cantádmelas otra vez!, bellas palabras de vida; hallo en ellas mi gozo y luz, bellas palabras de vida.

Sí, de luz y vida; son sostén y guía. ¡Qué bellas son! ¡Qué bellas son!, bellas palabras de vida.

¡Qué bellas son! ¡Qué bellas son!, bellas palabras de vida.”

LAS PALABRAS DE JESÚS  SON EFICACES, PORQUE PRODUCEN EL EFECTO ESPERADO,  SON TANTO EFECTIVAS COMO EFICIENTES PORQUE TIENEN LA VIRTUD DE PRODUCIR EL EFECTO O PROPÓSITO ESPERADO. “…Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.”

(ISAIAS 55:11)

Espero que por la gracia de Dios este mensaje al ser leído cumpla en usted el divino propósito para el que es enviado. La Biblia, la Palabra de Dios que es viva y eficaz, narra la experiencia de un hombre llamado Leví o Mateo quien escuchó claramente de Jesús, una sola palabra: Sígueme,  y a partir de ese crucial momento, su vida fue impactada y transformada radicalmente. Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y levantándose, le siguió.

(MR. 2:14)

Leví era un principal entre los publicanos, parecía que todo lo tenía, que nada le faltaba. Sin embargo, al estar sentado a la mesa de los tributos, experimentó la presencia y la eficacia de las palabras de Jesús quien al pasar por allí, se acercó a él y le miró de manera introspectiva, al interior de su corazón.

“Porque el hombre ve lo que está delante de sus ojos, más el Señor ve el corazón”, “…la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”, palabras de  Jesús.

Pero ¿que vio Jesús en su corazón? Seguramente vio lo mismo que ve en ti, sus cargas, sus problemas, sus ansiedades, su gran vacío interior, su necesidad de salvación, su tristeza, su alma hambrienta y sedienta de paz. Pero en ese día, ¡oh, glorioso día!  Leví escuchó atenta y claramente de Jesús una sola palabra: Sígueme, y eso fue contundentemente eficaz para que él se levantara y caminara en pos de Jesús, para que su vida fuera transformada radicalmente.

Cierto, algunos pretenden seguir a Jesús pero no se levantan, no dejan todo aquello que les estorba, permanecen estáticos, pasivos, indiferentes y por lo tanto, nunca llegan a nada. Es mil veces mejor desgastarse siguiendo a Jesús que apolillarse siguiendo las cosas de este  mundo. Aunque al paso del tiempo el hombre exterior se va desgastando pero en Cristo, el  ser interior, el espiritual, se va renovando cada día.

Dice la Biblia que Leví lo dejo todo, es decir, que a partir de ese momento, su prioridad y su todo fue precisamente eso: seguir, estar y compartir con otros a  Jesús. Se convirtió de allí en adelante en un verdadero discípulo, en un testigo personal de su gloria y majestad, en un instrumento útil en sus manos para anunciar a otros la eficacia del evangelio de Jesús. En Cristo, sí se puede, porque todo lo podemos en Cristo que nos fortalece.

Apreciable lector, el mensaje de las palabras de Jesús resulta eficaz por 3 razones:

PORQUE SON PALABRAS DE TRASCENDENCIA ETERNA.

Sabemos que abundan en nuestro entorno y estamos expuestos diariamente por diferentes medios,  a las palabras de elocuentes políticos, de distinguidos filósofos, de importantes comentaristas o editorialistas, y hasta de ciertos psíquicos, merolicos y charlatanes, pero nada se compara con el Evangelio de Jesús que es eficaz porque su mensaje son palabras que trascienden no sólo en esta vida terrenal sino por toda la eternidad…” El cielo y la tierra pasarán más mis palabras no pasarán”…Las palabras de Jesús nunca pasan de moda, ni mucho menos tienen fecha de caducidad, ni han perdido vigencia, siguen teniendo significado, actualidad y la unción del eterno Espíritu Santo. Son buenas nuevas del cielo para todo ser humano: Dios te ama con amor eterno, por eso ha prolongado su misericordia hasta hoy en día. No quiere que te pierdas sino que procedas al arrepentimiento.

PORQUE SON PALABRAS  LLENAS DE ABUNDANTE GRACIA.

Porque la ley vino por Moisés, pero la gracia y la verdad por medio de Jesucristo. Por gracia somos salvos, no por obras para que nadie se gloríe. Él te llama: Venid a mí, todos los que estéis trabajados y cansados que yo os haré descansar. Yo soy el buen pastor, mi vida doy por las ovejas. Yo soy la puerta, el que por mi entraré será salvo. El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás. Yo soy el camino, la verdad y la vida, Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque esté muerto vivirá. Palabras todas que nos hablan sin duda, del favor inmerecido de Dios.

PORQUE SON PALABRAS SOBRENATURALES, SORPRENDENTEMENTE PODEROSAS.

Poderosísimas diría yo, ya que vienen directamente del cielo, de la fuente inagotable del Todopoderoso Dios de Israel. Lucas expresa en su Evangelio

que las palabras de Jesús  eran con autoridad, no como las de los religiosos de su época. En cierta ocasión sorprendió y maravilló a sus propios discípulos al reprender la tempestad, cuando sentían que su embarcación naufragaba en medio del embravecido mar: “Calla, enmudece” y vino grande bonanza, ¿quién es éste que aún el viento y el mar le obedecen?, se dijeron sorprendidos unos a otros ante sus poderosas palabras.

Pablo así lo declara:

…“porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.” 

(Romanos 1:16.)

Son  el ‘dunamis´ de Dios, dinamita pura, capaz de salvar y transformar al más vil pecador.

Sí, porque las palabras de Jesús tienen en sí mismas un poder sobrenatural. El Señor encomendó a su iglesia ser embajadores y portadores de este mensaje. “… id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”

(Marcos 16:15, 16).

Además,  no sólo son palabras, sino una experiencia viva que tiene todo aquel que ha nacido de nuevo y por lo tanto tiene que predicarlo.

Definitivamente hay un poder sobrenatural y salvador en el mensaje de Jesús, como dice Pablo: “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón.” Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:8, 9).

El poder que fluye del mensaje de las palabras de Jesús, es el que ha venido directamente del cielo, es el que Dios nos ha dejado. Nosotros sólo somos siervos inútiles, simples y humildes voceros, porque el Verbo de Dios, la palabra encarnada, es Cristo.

Pero, hay que decirlo, el evangelio es eficaz sólo para aquellos que lo creen y lo reciben por la fe, aquellos que tienen necesidad de médico y que reconocen su necesidad urgente de Dios…

ORACION DE SALVACIÓN.

“Señor Jesús: Creo en tus palabras. Reconozco que soy pecador. Te pido con todo mi corazón que perdones todos  mis pecados. Creo que  diste tu vida por mí en la cruz. Confieso con mi boca que tú eres el Señor y mi único y suficiente Salvador. Jesús entra y habita desde hoy  en mi corazón y ayúdame a seguirte y serte fiel todos los días de mi vida.”

¡Shalom! Que la paz de nuestro Señor Jesucristo sea con usted y su familia.

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