Que Cristo viva en tu corazón

Sabiduría para la vida
Autor: Prof. Joel Sergio Ramírez

El título de este artículo no corresponde a una simple o bella expresión poética de rima asonante o consonante, sino a la voz amorosa del Espíritu de Dios dirigida a todos aquellos que hoy en día escuchan Su Palabra y le buscan de todo corazón. Sí, porque Dios quiere hacer morada dentro de nosotros, habitar en nuestro ser interior, en el corazón.
Si alguien lee esta verdad espiritual por primera vez, le afirmamos que es la buena voluntad de Dios, que es agradable y perfecta; una sincera y anhelante expectativa para los que oyen Su voz. Es también una promesa fiel y verdadera, real y vigente en la actualidad. Es cierto que para la mente natural seguramente esto resultará una locura, pero es una verdad espiritual basada en el poder de la Palabra de Dios. Para el que cree, todas las cosas son posibles.
La Biblia menciona a un hombre importante llamado Nicodemo, quien se acercó a Jesús de noche por temor al “que dirán” y escuchó de sus labios la urgente necesidad de nacer de nuevo. El distinguido personaje de la religión judía le cuestionó: ¨¿Cómo podré nacer otra vez del vientre de mi madre?¨ Definitivamente no entendía que nacer de nuevo es nacer espiritualmente por la fe en Cristo Jesús, el Hijo de Dios (Juan 3:1-15).
San Pablo escribió en su carta a los Efesios y expresó la siguiente oración a Dios: “… que Cristo habite en sus corazones por medio de la fe” (Efesios 5:17). El diccionario define la palabra habitar como morar, permanecer, estar o establecer una residencia permanente. Dios anhela habitar entre nosotros todos los días de nuestra vida; es una realidad presente y constante por obra del Espíritu Santo.
Podemos reafirmar que Cristo habita en nuestro corazón cuando…

Reconocemos quién es
Reconocer la identidad de Cristo no es un privilegio de unos cuantos o solo de los llamados teólogos, es una necesidad vital para todos. Dios lo envió para que nadie se quedara sin la posibilidad de salvarse y llegara a la vida eterna. Además, es necesario reconocer que es digno de adoración no solo por lo que Él es, sino también por lo que Él ha hecho por nosotros al pagar el precio de todos nuestros pecados en la cruz del Calvario. Hay que reconocer que Jesucristo es la Palabra viva, el Verbo encarnado, el Hijo de Dios. Reconocer que Jesús es el camino, la verdad y la vida, nuestro único y suficiente salvador, que Cristo es el Redentor.

Confiamos absolutamente en Él
Es cuestión de fe, de confianza y certeza, de convicción interior. Martín Lutero en defensa de su fe declaró en cierta ocasión: ¨Esto es lo que creo y no me retractaré¨. Al igual que los héroes de la fe se sostuvo hasta el final viendo al Invisible, no dudando nada, en plena certidumbre de fe. Por lo tanto, tener fe en Cristo implica conocer Su Palabra, convencer a nuestro interior por su Espíritu y tener confianza absoluta en Él. No, no es una fe ciega, sino una fe que se sustenta en la palabra de Dios. La fe viene al oír la palabra de Dios. Somos salvos por la fe al haber puesto nuestra confianza en Jesús, el autor y consumador de la fe. Y desde ese glorioso día Cristo habita entre nosotros. Él es nuestra fe y a esa fe nos aferramos y la hacemos nuestra total esperanza de gloria.

Le abrimos nuestro corazón
Es decir, cuando le permitimos que Él haga morada en nosotros. Porque hay que decirlo, Él respeta nuestra decisión, nuestro libre albedrío. Sin embargo, hay que aceptar que nuestra vida como imagen de una habitación está tal vez ocupada y desordenada por otras cosas de este mundo: los afanes, los deseos, los ídolos, y muchas cosas más. A manera de ilustración pensemos por un momento: ¿Cuántas veces abrimos nuestro armario y miramos en su interior ropa que no sirve, que está pasada de moda, e incluso que ya no nos queda o no nos gusta? Es en este momento en el que nos decimos que es tiempo de recoger y de organizar nuestro clóset. De la misma forma en que mantenemos cosas en nuestro armario, así mismo guardamos cosas en el interior de nuestro corazón, que son inútiles para nuestra vida y que estorban para que Cristo habite dentro de nosotros. Es hora de limpiar nuestra casa para que Jesús habite en nosotros como debe ser.
Cristo entra al corazón de quien lo acepta como su Señor y Salvador y en ese momento es salvo. Él habita en una vida limpia de pecado y dispuesta a obedecer totalmente a Dios. Cristo no podrá estar bien en un corazón que no se someta al Espíritu. Es necesario que el Espíritu Santo controle toda su vida para que Cristo esté como en casa.

Por eso Pablo lo expresa así: ¨Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí¨ (Gálatas 2:20).
Si tu vida no es lo que debe ser, es porque está dominada por el pecado. Arrepiéntete y pide perdón al Señor, deja que Cristo habite en tu vida. El Señor dice: ¨Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:19-20).
Abre hoy la puerta de tu corazón y deja que Cristo habite en ti por medio de la fe. Jesús dijo: ¨El que me ama, mi palabra guardará; mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada con Él¨ (Juan 14:23). Jesús no puede estar en tu corazón si Él no lo posee firmemente por la fe.

“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: ‘Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57: 15).

Que la paz de Dios gobierne sus pensamientos y sus corazones en Cristo Jesús, Señor nuestro. ¡Shalom!

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