La Invitación divina

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¿Qué hace usted cuando recibe una atenta invitación? Seguramente se le presentan dos alternativas: la acepta gustosamente y con grandes expectativas  o sencillamente la rechaza  usando tal vez  las mejores  excusas, en lo cual algunos somos expertos.

A todos los sedientos: venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.

( Isaías  55:1-7 )

La Biblia menciona esta  gran invitación divina dirigida al pueblo de Israel  por medio del profeta Isaías, llamado atinadamente por algunos como el evangelista del Antiguo Testamento, a un pueblo que tristemente  se había alejado, apartado, olvidado de Dios. Estaban desterrados, expatriados, en un pueblo extraño. Sí, tal vez habían prosperado en lo material pero en lo espiritual estaban en completa ruina, porque definitivamente, hay que reconocerlo, separados de Dios somos los más dignos de conmiseración. Por lo tanto, se sentían tristes, sin esperanza, vacíos en su interior; habían colgado las arpas. Sin embargo, Dios que es bueno y que para siempre es misericordioso, les da este mensaje de esperanza, una  oportunidad más para volverse a Él, acercarse y venid ante Su presencia, recordándoles que sus brazos están abiertos, y que Él es amplio en perdonar.

Apreciable lector, hay buenas noticias de parte de Dios, porque esta misma  invitación sigue aún  vigente. Tal vez te has alejado de Él, pero  Dios conoce tu corazón, sabe lo que tú necesitas: comunión, paz, gozo, libertad, fortaleza, salvación; “la bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella”.

Esta  gran invitación divina es sin duda: Una invitación que incluye a todos.

Sí, porque Dios no hace  acepción de personas, sino que de toda nación que le teme y le busca de corazón se agrada. El Evangelio es para todo aquel que cree, al judío primeramente y también al griego. Nadie está excluido, hay  oportunidad para todo aquel que quiera acercarse a Él con un corazón contrito y humillado. La Biblia menciona la experiencia de la visión del lienzo que Dios le dio al apóstol Pedro donde estaban representadas todas las razas, para que venciera todo prejuicio racial y  compartiera con todos las buenas nuevas de salvación.

(Hechos 10:10).

Una invitación dirigida a todos los sedientos.

Para aquellos que tengan necesidad de Dios. El agua, es un líquido vital, casi un 70% de nuestro cuerpo está formado por agua, nuestro  planeta azul en su mayor parte es agua, es imprescindible, vital, necesaria. Mucho más el agua espiritual que necesita nuestra alma. “Así como el ciervo que brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti oh Dios, el alma mía”  (Salmos 42:1). Dios promete que los que tienen hambre y sed de Él serán saciados. Sin duda, fuimos creados con un vacío en nuestro interior que solo Dios puede llenar. Cierto, algunos tratan de llenarlo con las cosas vanas que el mundo ofrece pero nunca, nunca lo podrán lograr.

Una invitación que tiene grandes beneficios.

Dice que es para los que no tienen dinero, es decir, que se ofrece gratuitamente, porque ya todo está pagado, Cristo lo pagó con su vida, en la cruz del Calvario y  lo confirmó al decir: ¡Consumado es! Se ofrecen agua, vino y leche; agua sinónimo de vida en abundancia, que fluye para vida eterna, Él es la fuente inagotable, el divino manantial de vida. Habla también del vino, el néctar de la uva,  símbolo del gozo como resultado de la experiencia de la salvación, de fortaleza espiritual, de manto de alegría y óleo de gozo, que es permanente, que viene de arriba, como fruto de la presencia del Espíritu. Además, menciona la leche, símbolo inequívoco de la palabra de Dios no adulterada, útil para nuestro crecimiento, con todos los nutrientes necesarios, altamente provechosa.

Pero hay que decirlo, esta invitación está  limitada al tiempo de Dios que hoy aún está vigente, porque hoy es el día de salvación, si oyereis hoy su voz, dice la Biblia, no endurezcas tu corazón.

Búscale mientras pueda ser hallado, llámale mientras está cercano. Mientras hay vida, hay esperanza.

Si tú estás sediento de Dios, acepta esta invitación divina.

Ven a Él, te invita a acercarte al trono de su gracia para alcanzar misericordia y hallar el oportuno socorro. Sólo Jesucristo puede saciar tu sed, la sed del alma. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”  (Juan 14:6).

ACEPTA HOY  A CRISTO COMO TU SALVADOR Y HAZLO TU ÚNICO CAMINO QUE TE LLEVA A DIOS.

ORACION POR SALVACION.

“Señor Jesús:

Reconozco que soy pecador. Te pido con todo mi corazón que perdones todos  mis pecados. Creo que  diste tu vida por mí en la cruz. Confieso con mi boca que Tú eres el Señor y mi único y suficiente Salvador. Jesús entra y habita desde hoy  en mi corazón, sacia la sed de mi alma y ayúdame a serte fiel todos los días de mi vida.”

Que la paz de nuestro Señor Jesucristo sea contigo y tu familia. ¡Shalom!

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