Así Se Vivió el Sismo en La Condesa

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Vivo en la Colonia Condesa desde hace tres años.  Cerca de las 11am del  pasado 19 de septiembre, un simulacro hizo sonar las alarmas de la ciudad recordando el terremoto de 1985. Nadie imaginaba que dos horas después de dicho simulacro otro sismo golpearía nuevamente a la Ciudad de México a tales magnitudes.

Recuerdo que me encontraba en la cocina de mi departamento buscando algunas cosas en la alacena cuando sentí el primer movimiento y al dar solamente un par de pasos la tierra empezó a sacudirse con fuerza, recuerdo a partir de ese momento muy pocas cosas o únicamente pequeños fragmentos: la televisión balanceándose sobre su base, el sonido de vidrios y piedras cayendo al piso, gritos de la gente y el crujir de paredes y ventanas que se negaron a ceder. No recuerdo haber tomado llaves y teléfono, tampoco haber abierto la puerta del departamento y mucho menos la puerta del edificio; supongo que víctima del pánico y desesperación mi cerebro ha bloqueado esos instantes.  

El siguiente recuerdo claro que tengo, es estar en la calle “haciendo bolita” con otras 15 personas tal vez, el suelo continuaba moviéndose con fuerza y cada vez más personas salían de sus casas y oficinas. Tan pronto el suelo dejó de moverse algunos nos desplazamos hacia la esquina, donde un grupo grande de oficinistas se dirigía a su punto de reunión. Repentinamente el edificio de enfrente hizo crujir sus muros y pedazos de piedra comenzaron a caer de las alturas y esto fue suficiente para desatar la desesperación de quienes caminábamos a paso lento; “no corran”, “no griten”, “tranquilos” decían algunos, pero estábamos muy asustados y hacíamos caso omiso a toda indicación.

Al llegar a Avenida de los Insurgentes, a la altura de la glorieta de Chilpancingo, todos miraban su celular tratando de comunicarse con su familia y amigos pero ya no había señal alguna y pronto comenzó a percibirse un fuerte olor a gas y una explosión en las calles aledañas desató nuevamente la desesperación entre nosotros. Policías y brigadistas comenzaban rápidamente a acordonar ciertas calles y edificios haciendo su mayor esfuerzo por dar instrucciones a la población, pero para ese instante ya éramos miles de personas en las calles sin saber exactamente qué hacer o a dónde ir.  

En las siguientes horas se fue recuperando de manera intermitente la señal de los celulares y comenzaba a escucharse entre la multitud que se había caído “X” y “Y” edificios. Jamás en la  vida había visto tal caos en la ciudad; miles de personas caminando por las calles, el tráfico completamente detenido y el sonido constante de bomberos, ambulancias y helicópteros. Al paso de las horas se confirmaban los edificios colapsados y la gente se animaba entre sí para ir a ayudar, ya que de sobra se sabía que ante un colapso era muy probable que gente se encontrara atrapada.

De la tragedia a la esperanza y solidaridad

Si bien la escena en las calles era de caos y desesperación, en los edificios colapsados rápidamente cientos de personas se sumaron a remover piedra por piedra los escombros, muchos de ellos eran jóvenes que trabajaban o vivían en los alrededores. Sí, aquellos jóvenes que muchos llaman “millennials”, “hipsters”, “fresas” o “mirreyes” también estaban ayudando. Leí una nota que decía: “Jóvenes se vuelcan sobre la ciudad para ayudar” y aunque no se quita el mérito de todos aquellos que estuvieron ahí, lo cierto es que se sentía esa energía y ánimos de la población joven.

¿Cómo se vive a una semana del sismo?

Las calles de la Condesa  están llenas de cintas preventivas, carteles que indican zonas de riesgo, los parques hoy son centros de acopio, los militares tienen cercadas las zonas de derrumbe, los restaurantes son comedores para rescatistas y voluntarios. Afortunados aquellos que sus departamentos quedaron intactos, porque la generalidad, entre los amigos que viven en la colonia, es que se cuartearon los muros, ventanas rotas, muebles y aparatos electrónicos caídos, etc.

Sé que muchas otras partes del país también atraviesan momentos difíciles pero yo me atrevería a invitarlos para no perder la sensibilidad de que todos vamos a seguir necesitando apoyo y que no únicamente nos afectó directamente a quienes vimos nuestros hogares dañados; no olvidemos a las señoras de limpieza, los porteros, jardineros y demás personal que por un buen rato no tendrán trabajo, aquellos meseros que en al menos dos meses no tendrán propinas y los que se verán forzados a mudarse y en aprietos para rentar un lugar nuevo, etc.

Si estás interesado en ayudar no dudes en hacer tu donativo a través de www.cruzrojamexicana.org.mx

Por Miguel Perez

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