Incidente en espacio aéreo de Nuevo Laredo

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Por Luis Pérez-Benítez 

Poco se recuerda del grave incidente ocurrido en el espacio aéreo Tamaulipeco antes del mediodía del 15 de febrero de 1983, cuando un avión de turbohélices aterrizó en el Aeropuerto Internacional Quetzalcóatl de la ciudad de Nuevo Laredo sin permiso de la torre de control.

La aeronave cumplia el vuelo de rutina de transporte de pasajeros identificado como ILE-DFW de la compañía aeronáutica Río Always (según datos de Wikipedia), pero había sido secuestrada por el iraní Hussein Sheikholya, quien la desvió de su ruta original que iba de Killeen a Dallas, Texas.

El pirata aéreo Hussein quería ir a la ciudad de Monterrey pero el combustible estaba por agotarse por lo que tuvieron que aterrizar en Nuevo Laredo. En la torre de control ya había agentes policiacos y del FBI norteamericanos pero el iraní se negó a hablar con ellos y con algún otro representante del vecino país, según apunta el escritor Humberto Padgett en su obra titulada ¨Jauría¨ publicada recientemente.

Hussein pidió hablar con algún periodista mexicano para entregarle sus demandas; los jefes de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad Mexicana (DFS) confeccionaron cinco credenciales de prensa falsas acreditando a agentes suyos como reporteros.

El iraní no mordió el anzuelo. Una hora después de haber tocado tierra, el terrorista liberó a las mujeres pasajeras, después de haber luchado con la aeromoza Kathaleen Springen quien posteriormente declaró que peleó cuerpo a cuerpo con el aeropirata en su intento por desarmarlo sin poder lograrlo, no obstante la ayuda de algunos pasajeros.

Entonces Hussein Sheikholya exigio un jet para seguir su accidentado viaje a Cuba, lo que le fue negado por los negociadores. Puso un ultimátum amenazando que si para las cuatro de la tarde de ese dia no le proporcionaban la nave solicitada, se desataría una violenta masacre.

Minutos antes de que terminara el plazo otorgado por Hussein, llegaron simultáneamente al aeropuerto de Nuevo Laredo el subdirector de la entonces DFS Alberto Estrella y el comandante Rafael Chao López, el primero a bordo del jet rojo ¨El Tigre¨y el segundo por carretera procedente de Monterrey.

El jet ¨El Tigre¨ tomó posición a un costado de la plataforma a 300 metros del avion plagiado. A los pocos minutos aterrizó una avioneta particular procedente de Reynosa repleta de agentes de la DFS. Ambas naves aterrizaron en sentido opuesto pues el avion secuestrado obstaculizaba la pista.

El comandante Estrella y el agente de migración Wilfrido Obregon caminaron hacia el avion asaltado, con los brazos sobre sus cabezas, dirigiéndose al iraní que se asomaba desde una de las ventanillas de la cabina de mando apuntandoles con una metralleta R-15. Wilfrido actuó como traductor.

El iraní insistió en que se le entregará un jet y el jefe de la DFS le ofreció consultarlo con sus superiores y regresar con la respuesta.

El gobierno mexicano aceptó entregar al secuestrador el propio jet de la DFS para transportarlo al lugar que quisiera.

El jet ¨El Tigre¨ fue rebastecido de combustible.

Hussein ordenó que se colocara una maleta con explosivos en la ruta entre una aeronave y la otra. Salieron el iraní y sus rehenes de la nave secuestrada quien los encañonaba con la metralleta.

El jet rojo quedó frente frente a la cabina del avión de cómo a 100 metros de distancia.

El copiloto norteamericano de la nave secuestrada levantó la valija con los explosivos y los llevó al interior del jet rojo que fue abordado por Alberto Estrella y Wilfrido Obregon seguidos por el irani.

El jet despegó rápidamente ganando altura y en el trayecto el iraní fue sometido por la fuerza por los agentes mexicanos, sin más víctimas que lamentar, lo que entonces demostró la capacidad de los agentes de la desaparecida DFS para actuar, negociar y resolver situaciones de secuestro de alto riesgo, según se afirmó en un artículo publicado en un periódico local de Nuevo Laredo con fecha 16 de febrero de 1983.

Fue sin duda, un incidente delicado e interesante en la historia del espacio aéreo Tamaulipeco, que por fortuna no se ha vuelto a repetir. Hasta pronto.

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