Evidencias De La Resurreción

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Por Profr. Joel s. Ramírez

La Biblia narra que Jesús de Nazaret fue crucificado en una cruenta cruz en el monte Calvario y sepultado en un sepulcro nuevo propiedad de un hombre llamado José de Arimatea. Sí, pero también registra la gran y extraordinaria noticia de que al tercer día Él salió de la tumba, venció la muerte: Sí, ¡Jesús resucitó! El Resucitado era el Crucificado.

“Jesús no está aquí, pues ¡ha resucitado!” (Marcos 16:1-8)

La resurrección de Jesucristo es indudablemente un hecho histórico.
Se llevó a cabo en una fecha, en un momento y en un lugar determinado.
En el Evangelio según San Marcos, específicamente en el capítulo 16, el autor registra de manera breve pero contundente este gran acontecimiento. La cuestión es que muchas personas en el mundo sí creen en la vida y muerte de Jesús, pero no creen en su gloriosa resurrección.
Lo cierto es que la resurrección fue un hecho real, verídico, fidedigno y confirmado por datos históricos y científicos y que cuentan con las siguientes evidencias:

La tumba vacía

Muchos historiadores hacen énfasis en esta evidencia: el testimonio presencial de personas que vieron a Jesús vivo después de su resurrección. Inclusive, hay quienes de manera negativa, dicen que la resurrección se trató de una alucinación que tuvieron algunos, y que en realidad nadie vio a Cristo resucitado. El problema con esto es que, entonces, en el lapso de 40 días, unas 500 personas tuvieron la misma alucinación, cosa que resulta por demás improbable. Hubo muchas personas que vieron verdaderamente a Jesús vivo después de que muriera, y esto los llevó a cambiar sus vidas tal como sucedió con los apóstoles.
La Biblia da cuenta detallada y precisa de las apariciones de Jesús después de su
resurrección (1 Corintios 15:3-8 ). Marcos, inclusive, registra la posterior reprensión de Jesús a sus incrédulos discípulos porque se negaron a aceptar el testimonio de los testigos oculares de su resurrección durante aquel día.
“Finalmente se apareció a los 11 mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les
reprochó su incredulidad y dureza de
corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado” (Marcos 16:9-14). Además, el evangelista Lucas menciona a dos discípulos en el camino a Emaús, que se
encontraron con el Cristo resucitado. Ellos ya habían oído los rumores sobre mujeres que dijeron que habían visto a Jesús vivo, pero no les creyeron. Cabe mencionar que en el pueblo Judío se aceptaba un hecho como válido y suficientemente verídico sólo con el testimonio de dos testigos. Ahora, tres mujeres y dos hombres declararon haber visto a Jesús vivo y a medida que el día avanzaba más y más personas estuvieron dando testimonio de que así era (Lucas 24:36-43; Juan 20:19-31).

Los testigos oculares

Marcos pone especial énfasis en esta segunda evidencia: el sepulcro vacío. Los mismos evangelios afirman que los judíos para argumentar en contra de esta evidencia, por demás irrefutable, difundieron la noticia de que sus discípulos habían robado el cuerpo, lo cual obviamente confirma de manera clara que el sepulcro estaba vacío y que este hecho estaba aceptado por todos, que no lo negaba nadie.
De tal forma que esta es la más clara de las evidencias acerca de la resurrección de Jesús, y por ende, la más atacada por aquellos que se resisten neciamente a creer en la resurrección.
“Una cosa es cierta”, escribe William Barclay: ‘‘Si Jesús no hubiera resucitado de entre los muertos, nunca hubiéramos oído hablar de él’’.
O como expresara San Pablo: ‘‘seríamos los más dignos de conmiseración y vana sería nuestra fe’’.
Jesús, al morir, fue puesto en la tumba, sellada con una roca, y una guardia romana fue establecida en ese lugar. Esto debido a que los fariseos anticipadamente temían que los discípulos de Jesús robaran el cuerpo para simular su resurrección, que Él les había anticipado.
Sin embargo, a pesar de todas estas prevenciones, ese día de resurrección la tumba estaba vacía.
Cualquier intención de los seguidores de Jesús de crear un mito con base en la resurrección podía ser acallada fácilmente si los fariseos hubieran mostrado el cuerpo dentro de la tumba, lo cual nunca sucedió.
No hay dudas sobre esto: ¡el sepulcro estaba vacío!

Las vidas transformadas

Esta es la tercera evidencia: el cambio radical y sorprendente experimentado por los apóstoles, un grupo de hombres vulnerables y temerosos de las represalias de los gobernantes que sin embargo de repente se lanzaron a comunicar con denuedo la buena noticia de que Jesús había resucitado, hasta el punto de trastocar al mundo y dar en sacrificio su propia vida. Sin duda que algo muy fuerte e impactante les tuvo que pasar para que fueran tan evidentemente transformados. Hay que decirlo, la gran diferencia que nos marca la historia de la vida de Jesús, es precisamente que a diferencia de cualquier otro histórico personaje por más renombrado que haya sido, sus restos yacen allí, en una tumba fría, pero no así en el caso de Jesús porque Él aquel día verdaderamente resucitó. Y es a partir de su resurrección que él muestra su autoridad sobre la muerte y reafirma el hecho de que es el Hijo de Dios. Por tanto, insisto, la evidencia de que Jesús vive es el hecho contundente e irrefutable de que él cambió y sigue cambiando vidas hoy en día. Cada uno de los creyentes que formamos parte de su iglesia somos prueba fehaciente de esta verdad fundamental.
Los apóstoles pasaron de ser un grupo de hombres miedosos y faltos de fe, a ser un conjunto de valientes predicadores que
estaban dispuestos a todo con tal de anunciar el mensaje del Evangelio. De hecho, hasta donde sabemos, todos excepto Juan murieron por predicar a Cristo. ¿Qué pasó en sus vidas que los llevó a cambiar su actitud? La respuesta es clara: la
experiencia con el Cristo vivo y resucitado. Ellos nunca hubieran arriesgado sus
vidas por una falsedad. ¿Qué sentido tendría
hacerlo? Ellos verdaderamente vieron a Cristo resucitado y actuaron conforme a eso. A fin de cuentas, la mejor prueba de la
resurrección es la existencia misma de la iglesia cristiana. Cualquier
persona que se acerque sinceramente a las evidencias con la verdadera intención de
saber la verdad, terminará encontrando que ciertamente Jesús venció a la muerte y que vive hoy y para siempre.

JESúS DIJO:
‘‘Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.’’( Juan 11:25 )
Apreciable lector: te invito a que hoy te acerques a Jesús, que creas que Él te ama, que Él murió, pero que resucitó y vive y que está a la diestra de Dios intercediendo por ti. Acepta hoy a Cristo como tu Salvador y experimentarás el más grande milagro en tu vida: la salvación de tu alma.

Te esperamos en
Iglesia Cristiana Shalom
Nayarit 105

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