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Los Huesos Secos

Por pastor Joel S. Ramírez 

Me dijo luego:

Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.

(EZEQUIEL 37:1-14)

El ministerio del profeta Ezequiel llegó en un momento de gran angustia y crisis nacional. No obstante, Dios le dio una visión llena de esperanza en un tiempo donde reinaba la tristeza, la desolación y la desesperanza.

A través de una impactante visión registrada en la Biblia, la visión de huesos secos, Dios le hace ver a Ezequiel que Él sabe, conoce perfectamente la condición, la situación, las circunstancias por la que atravesaba en aquel tiempo el pueblo de Israel y por supuesto  hoy en día, la de nuestra propia vida.

Ezequiel fue un profeta extraordinario. Su mensaje sobresale del resto de los  profetas por el tipo de visiones y revelaciones llenas de simbolismos. Además de profeta, fue sacerdote, de tal forma que tuvo experiencias sobrenaturales en el Espíritu como  visiones de ruedas dando vueltas,  de impresionantes seres angelicales, extraordinarias luces brillantes y magnos y sonoros ruidos. Pero sin duda,  lo más sobresaliente es que en cada una de estas visiones fue testigo personal y se manifestó ante él la gloria, la majestad, la Omnipotencia y la Omnisciencia de Dios. Además, pudo  contemplar con sus ojos espirituales la hermosura de Jehová y la grandeza de su Santo y bendito Nombre ¡Alabado sea el nombre del Señor! Si Ezequiel estuviera entre nosotros, sin duda cantaría con júbilo ese coro que dice: “No hay Dios tan grande como Tú, no lo hay…”

Oyó claramente la voz del Señor en un tiempo difícil del exilio en Babilonia, un tiempo de deportación y gran angustia, y precisamente estando allí, en medio  del campo de  refugiados, junto al río Quebar, sintió la magnitud  de la carga por sus hermanos, de la necesidad de la intervención divina, en toda su dimensión.  Es ahí, en esas circuntancias,  donde experimentó la presencia divina, sí, ahí, donde se respiraba un ambiente de preocupación, inseguridad, angustia; donde se sentía en carne propia, la total desesperanza; donde dominaba el fracaso, la derrota. Dios visitó en su misericordia a su pueblo, para demostrar su gloria, hacer notorio su poder, evidenciar su capacidad liberadora y su interés de restauración. Ahora saca al profeta de su comodidad, de su zona de confort y lo traslada en el espíritu, a un lugar tétrico, a un valle, no lleno de flores, ni lecho de rosas, ni de alfombra roja; sino un lugar mal oliente, descompuesto, desorganizado y sin vida. Sin duda que este pudiera ser uno de los pasajes más descriptivos e impactantes del Antiguo Testamento. Su sola lectura nos impresiona, nos produce un fuerte impacto. Algo que se puede visualizar como totalmente absurdo, ilógico, cuestionable. ¡Un valle lleno de huesos secos, partidos, pulverizados, desorganizados! La verdad es que esta escena sería propia para una película de terror, imagínese semejante auditorio; escenario desolador. No hay vida, ni fuerza, ni ánimo, ni esperanza. Sin embargo, el predicador recibe la encomienda divina de  divulgar un mensaje a esa “singular congregación de cadáveres, esqueletos, de muertos”. No hubo una alabanza previa, ni amenes, ni aleluyas, que inspirara al atónito mensajero invitado a tan inaudita e insólita reunión. No había  púlpito, ni música, ni mucho menos un altar. Aun así  Dios le dice imperativamente que comience a predicar:

“Oíd huesos secos” ¡Qué locura tan irracional¡ ¿no es cierto? Pero aquella escena llega a su máxima y crucial expresión cuando los huesos secos, al oír la Palabra de Dios, al experimentar el soplo del Espíritu, comenzaron a moverse, a unirse, a levantarse, a fortalecerse, hasta ser milagrosamente transformados en un ejército poderoso del Señor. Eso es lo que creemos, es el Dios en el que confiamos: “aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos según el poder que actúa en nosotros…”

(Efesios 3:20-21).

Creemos que la Biblia es la Palabra viva y eficaz de Dios y posee en sí misma toda la autoridad y potencial divino,  y que a través de ella fluye toda la energía y el poder sobrenatural de Dios. Sí, pero, reitero, la palabra de Dios  actúa , trabaja, tiene efectos poderosos y sorprendentes, como se describe en esta visión de huesos secos, cuando va acompañada de fe. Cuando la recibimos y la creemos sin lugar a dudas, porque al que cree todas las cosas le son posibles.

Apreciables lectores: estos “huesos secos” pudieran representar  las etapas o momentos difíciles por las que puede pasar nuestra vida, donde parece que no hay solución ni esperanza alguna. ¿Tal vez estás pasando por una situación así? ¿Has perdido toda esperanza? ¿Te sientes así, tan seco ante la magnitud del problema, que nada te mueve? ¿Está tu corazón “seco en gran manera” a la vista de Dios? La pregunta de Dios para ti y que deber ser respondida ahora es, a pesar de lo que tus ojos naturales puedan ver, “¿crees que Dios puede hacer que vivan esos huesos secos en tu vida?” Conforme a tu fe así será hecho.   

Jesús dijo:

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

( Juan 14:6)

Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y  tu casa. (Hechos 16:31)

ORACIÓN POR SALVACIÓN

“Señor Jesús: Reconozco que soy pecador. Te pido con todo mi corazón que perdones todos  mis pecados. Creo que  diste tu vida por mí en la cruz. Confieso con mi boca que tú eres el Señor y mi único y suficiente Salvador. Jesús entra y habita desde hoy  en mi corazón, lléname de  vida en abundancia y ayúdame a serte fiel todos los días de mi vida.”

Que la paz de nuestro Señor Jesucristo sea contigo y tu familia. ¡Shalom!

“No son los muertos los que en dulce calma la paz disfrutan de su tumba fría,

muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía.

No son los muertos, no los que reciben rayos de luz en sus despojos yertos,

los que mueren con honra son los vivos, los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos, la vida en el honor, es el recuerdo.

Por eso hay hombres que en el mundo viven, y hombres que viven en el mundo muertos.”

( Gustavo Adolfo Bécquer )

Imagen cortesía de internet

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