Juan Gabriel

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Había empezado a redactar esta nota biográfica un día antes del lamentable fallecimiento de El Divo de Juárez,  pero se quedó pendiente en el ordenador debido a que era algo tarde y hacerlo tomaría tiempo, ¿por qué? por la sencilla razón de que es imposible hablar de un personaje de su talla con el tiempo limitado; porque no se puede describir en poco tiempo tanto talento, tanta pasión, tanto corazón, tanta entrega, genialidad y todo lo que representaba (y representa), Juan Gabriel para el pueblo mexicano.

Esta vez me gustaría abordar ya no detalles de su vida en forma biográfica, esta vez me gustaría compartir lo que, creo, estamos sintiendo si acaso no todos, me atrevería a decir que sí la mayoría de los mexicanos, y muchos que no lo son, pero… no se necesita ser de México para sucumbir al canto y al encanto de esta grande y legendaria figura.

Auténtico como pocos y más valiente que aun menos, Alberto Aguilera Valadez se abrió camino a fuerza de golpes y reveses que sufrió desde casi ver la luz en su natal Parácuaro, Michoacán, ese 07 de enero de 1950, pero es quizá la serie de obstáculos a los que se enfrentó desde su niñez, lo que forjó ese temple y esa pasión que plasmó en cada una de sus canciones, y no se diga en sus interpretaciones.

Por cuestiones familiares, y al verse sola con ocho hijos, su madre se ve obligada a dejar Parácuaro para mudarse a Ciudad Juárez y, debido a las estrecheces económicas, aunado a no tener con quién dejar al pequeño Alberto para trabajar, es que toma la decisión de abandonarlo desde muy pequeño (5 años) en una escuela-internado en la que recluían a niños y jóvenes con problemas de conducta, y en la cual permanecería por ocho años, tiempo en el que  solamente fue visitado en una ocasión por su madre, Victoria Valadez.

Creció añorando a su familia, a su mamá, principalmente; pero esa carencia afectiva la suple su más querido maestro: Juan Contreras, por quien adoptó el nombre de Juan. Gabriel sería por su padre, quien se llamaba Gabriel Aguilera, y a quien no llegó a conocer debido a la reclusión de éste en una institución para enfermos mentales al poco tiempo de que naciera el intérprete.

Luego de escapar de “El Tribunal” (así se llamaba el internado), a la edad de 13 años, Alberto Aguilera va en busca de su familia, quienes se habían regresado a Parácuaro, Michoacán, pero es rechazado de nueva cuenta por ésta, por lo que regresa a Ciudad Juárez; y es su maestro, Juan Contreras,  quien le da asilo en su casa.

Mientras le ayudaba a su maestro en su taller de hojalatería, Juan Gabriel compone lo que sería su primera canción: “La muerte del palomo”, la cual luego de varios años, sería un éxito en la voz de la española Rocío Dúrcal, una de las mejores y grandes exponentes de la música del cantautor.

Es después de infinidad de adversidades, como su reclusión durante casi dos años en una de las cárceles más peligrosas de la Ciudad de México, como lo era Lecumberri, y en donde conoce a Queta Jiménez, “La Prieta Linda”,  .

Mucho se ha hablado de la forma tan peculiar de interpretar su música, de sus movimientos, pero esto nunca fue algo que le quitara el sueño a este maravilloso intérprete, todo lo contrario,  disfrutaba lo que esto provocaba en su público, a quien se entregaba totalmente. Se dice que en una ocasión, en Viña del Mar, ofreció un espectáculo que duró casi cuatro horas.

Vivió en el ojo del huracán durante toda su trayectoria artística, uno de sus pasajes más polémicos fue la publicación del libro “Juan Gabriel y yo”, biografía no autorizada que expuso algo de la vida íntima del cantautor, escrita por Joaquín Muñoz, quien fuera uno de sus más cercanos colaboradores (y supuesto amigo), luego de que el artista abandonara su primera casa disquera, RCA Victor, al concluir su contrato, pero ese intento de desprestigiar al cantante, sólo hizo acrecentar aún más su ya elevada fama.

Faltaría espacio para continuar hablando de este intérprete, y mucho más para enumerar sus éxitos, tanto musicales como personales, por lo que solamente y, para concluir, nos gustaría compartir algo del sentir de un pueblo triste, que a través de los diferentes medios de comunicación, y haciendo presencia en los diferentes lugares en los que habitó el juarense, o incluso en algunos de los escenarios de sus presentaciones, lloraba la pérdida de uno de sus hijos predilectos, que sin importar estatus social, intelectual, o cultural, se hermanó en sentimiento; se callaron los goles de domingo; la placidez cotidiana se vio interrumpida con una noticia increíble: ¡Fallece Juan Gabriel! ¡El Divo ha muerto!, nadie lo podía creer y, al parecer, pasará un buen tiempo para hacerlo.

“Gracias por tu sonrisa. Por el brillo honesto de alegría en tus ojos. Por tu abrazo cariñoso y la música de tu corazón”. Paty Cantú

“Sin palabras para expresar mi inmensa tristeza por la partida del gran Don Alberto”. Juanes

“Convivir contigo unos momentos se tradujeron en horas invaluables de aprendizaje. ¡Te extrañaremos!” Reik

“Uno de los más grandes artistas pero aún más grande como ser humano , nuestro Divo de Juárez”. Fey

“Se nos fue un gran ídolo. Siento mucho esta pérdida para México y el mundo. Descansa en paz mi querido Juan Gabriel”. Alejandro Fernández.

“México te tendrá siempre “AMOR ETERNO”.Queridísimo Juan Gabriel. Desde aquí, en donde estés, se escuchará tu música”. Fernanda Meade

“No puedo dar crédito a lo q leo sobre Juan Gabriel”. Ricardo Montaner

“Mi paisano y hermano del firmamento de las letras y melodías, Juan Gabriel nos dice hasta siempre desde el Cielo”. Marco Antonio Solís

“Quiero llorar. Otro poeta que se nos va. Gracias por toda la alegría y por las canciones de amor. ¡Que viva por siempre con nosotros El Divo, el Maestro, el Genio, a través de su gran obra!”. Susana Zavaleta.

Por Lorena Gallegos

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